La última semana, hemos podido disfrutar de un tiempo envidiable y unos maravillosos días en el rural pontevedrés. Con la primavera ya en marcha pudimos contemplar y formar parte de un juego iniciado por nuestras pequeñas, Valentina y Martina, dentro del jardín «de los abuelos».
Durante está época del año, la floración de las camelias siempre han sido un punto de atracción para ellas, en especial, para Valentina. En esta ocasión, después de varias incursiones, volteretas, risas y el planteamiento de un sinfín de preguntas y dudas por su parte, decidieron que harían algo con todas las flores que habían caído de los camelios. Nos preguntaron qué haríamos nosotros; a lo cual respondimos: «ustedes son las cuidadoras del jardín de los abuelos, ¿qué les gustaría hacer?». Valentina respondió: ¡un sendero!. Y fue así como comenzaron a trazar un camino con los pétalos de las flores que se encontraban en el suelo sin saber muy bien hacia dónde se dirigiría, ante lo cual surgió la siguiente pregunta, ¿papi hacia dónde lo llevamos?, y respondí con otra pregunta ¿qué te gustaría que uniéramos con el sendero?, y después de pensar un rato exclamo ¡ya sé papi, uniremos las camelias!, y fue así como, oficialmente, quedó inaugurada «La ruta de la camelia de Xesta».
Con este post queremos hacer una reflexión en voz alta, si nos lo permiten, sobre la creatividad y la educación de nuestros hijos. Con esta pequeña historia contada no queremos hablar de lo «fantásticas o maravillosas» que son nuestras nenas, sino todos los niños del mundo por ser simplemente únicos, curiosos y creativos.
Desde hace unos años, con la aparición de ellas en nuestras vidas, comenzamos a preguntarnos cuál sería nuestra forma de educarlas dentro de una sociedad donde impera un sistema educativo basado en un sistema industrial y lineal, dónde lo que más importa son «los logros y las metas». En nuestra humilde experiencia, los niños son «aprendices naturales», como bien señala Sir Ken Robinson , siendo la curiosidad el motor de sus logros. Durante el «diseño» de nuestra particular ruta de la camelia, pudimos sentir la emoción de las niñas ante cada uno de los descubrimientos como la humedad del suelo, la marchitez de los pétalos, la aparición de una o más babosas, los cambios de color y textura… todo era un mundo estimulante lleno de posibilidades.
Creemos que nuestra tarea como padres es hacer que el entorno educativo de nuestros hijos mejore, no sólo quejándonos del sistema actual, sino facilitarles y darles las herramientas necesarias para disfrutar de una vida diversa, dinámica y única, basada en un sistema más orgánico y flexible donde equivocarse es parte fundamental del proceso emocional y formativo. Debemos buscar una igualdad entre las ciencias y las artes, la alfabetización de nuestros hijos en muy importante pero también el desarrollo de su creatividad.
Como bien señala el gran Ken Robinson: «debemos crear ambientes de posibilidades, en ellos la gente crecerá y será feliz». En conclusión, queremos niños diversos, curiosos y creativos, es decir, ¡niños felices!
¡Un saludo desde BUO y feliz semana!







